El problema de la economía bimonetaria no es nuevo en la literatura económica ni entre las preocupaciones de los gobiernos de distinto signo político en la Argentina. Uno de las causas de esa debilidad del peso tiene que ver con uno de los atributos que debería tener cualquier moneda: la reserva de valor. Según un estudio de Ecolatina, tras el fin de la convertibilidad hubo muy pocos momentos en que el peso tuvo mejor rendimiento que el dólar o que no perdió contra el ritmo inflacionario.
“Los argentinos ganamos y gastamos en pesos, pero ahorramos y pensamos en dólares. En respuesta, se suma un componente a la demanda usual de divisas que tienen los demás países -cancelar importaciones, pago de deudas y remisión de utilidades y dividendos-. Este factor extra provoca que nuestra economía necesite más dólares para funcionar que las demás, agravando la escasez crónica de divisas que solemos enfrentar. Por lo tanto, la economía bimonetaria es una de las causas de la inestabilidad y desvalorización constante del peso”, consideró Ecolatina.
Según el relevamiento hecho por esa consultora, desde 2003 hasta la actualidad “ahorrar en pesos no fue una buena decisión”. Para eso tomó como referencia cuál es la tasa de interés de un plazo fijo en cada mes y lo comparó con la evolución del tipo de cambio, por un lado, y del índice de precios por otro.
Si se agruparan todos los meses en que el peso ganó, el resultado positivo para la moneda nacional iría desde enero de 2003 hasta agosto de 2005 y desde ese momento habría enhebrado casi 16 años consecutivos de pérdida de valor.
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