La Cámara de Diputados cerrará el año en un estado de semi parálisis. Los más optimistas creen que en febrero se reactivará el diálogo con la oposición y se podrán tratar proyectos de consenso durante las sesiones extraordinarias. Sin embargo, son más los que consideran que la fuerte polarización -que marcó la dinámica durante los últimos meses- no hará más que profundizarse de cara al año electoral, trabando cualquier intento de sesionar.
La paridad de fuerzas en la Cámara baja dejó como resultado apenas una docena de sesiones a lo largo del año. Y las tensiones entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio hicieron naufragar en la grieta varios proyectos considerados de vital importancia, como la ley de Alquileres o la nueva moratoria previsional. Algunos incluso contaban con cierto consenso entre representantes de diferentes fuerzas, como la ley de humedales, la creación de universidades y la ley de para combatir el lavado de activos.
Las tensiones políticas entre oficialismo y oposición llegaron a su punto máximo en noviembre con el conflicto por las designaciones de representantes para el Consejo de la Magistratura. La decisión de Cecilia Moreau de suspender los nombramientos de Vanesa Siley, Rodolfo Tailhade, Roxana Reyes y Álvaro González dinamitó el diálogo con Juntos por el Cambio. La propia Moreau no pudo ser reelecta como presidenta de la Cámara por falta de quórum para la sesión preparatoria. Luego le siguieron dos sesiones fracasadas más, una de ellas directamente terminó en escándalo con insultos, agresiones y gestos obscenos.
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