Pasamos un tercio de nuestras vidas durmiendo o tratando de hacerlo. Pero en un mundo que no para cuando cae el sol, nuestro descanso corre cada vez más peligro.
Muchos no llegamos a tener las siete a nueve horas de sueño que recomiendan los médicos y nos cuesta levantarnos por las mañanas. Pero no sólo la cantidad sino también la calidad de nuestro descanso se ve afectada.
Desde que descubrimos que la luz artificial (sobre todo la azul que emiten aparatos como los celulares) puede alterar nuestros relojes biológicos, cada vez surgen más pruebas de que exponernos incluso a bajos niveles de luz por la noche perturba la calidad del sueño.
¿Así que qué pasaría si apagáramos las luces?
Decidí averiguarlo un invierno.
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