Hace meses atrás la polémica diputada del Frente de Todos, Fernanda Vallejos, hablaba de la “maldición de exportar alimentos”, en medio de la suba inflacionaria y donde proponía desacoplar los precios internacionales de los precios de los alimentos a nivel local, ya que éstos últimos deberían regirse por la capacidad de compra en pesos de los argentinos.
Luego de dichas expresiones, el Gobierno de Alberto Fernández desplegó la intervención en el mercado de la carne vacuna, con cierre y restricciones de las exportaciones, derivando en un abarrotamiento de carne en los frigoríficos que no afecta al consumo interno y desalentando la inversión en una actividad tan relevante para la economía nacional, como la ganadería.
Un informe realizado por el consultor y productor Néstor Roulet, reflejó que con la intervención oficial en la cadena de ganados y carnes, a lo que se suma la presión impositiva y la brecha cambiaria, el ganadero argentino recibe el menor precio de la región teniendo en cuenta el dólar billete: “es el el Washington cara grande que podés comprar en Argentina, Brasil, Paraguay o Uruguay cuando te pagan con plata loca”, comentó.
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