La economía finaliza 2022 con un cuadro claramente más debilitado que cuando empezó el año: la inflación se aceleró; la actividad productiva y comercial se debilitó, y arrastró en ese sendero al empleo, en particular el asalariado registrado; las reservas en divisas del Banco Central disminuyeron en forma sostenida hasta que aparecieron los anabólicos del dólar soja 1 y 2, pero sin revertir las expectativas que también empeoraron; con la única excepción de las finanzas públicas, aunque sin más sustento que el acuerdo vigente con el Fondo Monetario Internacional, que ya no es el necesario para posibilitar recuperar las condiciones iniciales.
(Gustavo Gavotti)
Meta fiscal: estrategia y medidas con las que el Gobierno busca cumplir la baja del déficit acordada con el FMI
Economía aplicó una poda a los subsidios, al ritmo general del gasto público y un colchón de ingresos extra para alcanzar el objetivo de bajar el rojo primario hasta 2,5% del PBI. Caen los pagos atrasados
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Con ese panorama, y de cara a las primeras estimaciones para 2023 Infobae entrevistó a Juan Luis Bour, Economista Jefe y director de la FIEL, para que conocer su balance del tercer año de gobierno de Alberto Fernández y sus expectativas para el próximo.
— ¿Qué balance hace del tercer año de gobierno de Alberto Fernández?
— El 2022 se inició con viento de cola en términos de actividad por la acumulación del rebote pos pandemia de Covid-19; fuerte impulso fiscal y precios internacionales de las materias primas récord. A ello se sumaron las distorsiones en el mercado cambiario que alientan la demanda de bienes de cualquier tipo -en particular de consumo e inversión- para reemplazar la falta de dólares. Todo ello se transformó en un importante impulso a la demanda que en 9 meses determinó un aumento del PBI de 6,2%, que probablemente se modere a 5,4%, con un cuarto trimestre de crecimiento muy débil en comparación con el año previo; probablemente cero en términos desestacionalizados.
“Las distorsiones en el mercado cambiario alientan la demanda de bienes de cualquier tipo -en particular de consumo e inversión- para reemplazar la falta de dólares”
— ¿Qué es lo que está empezando a fallar para que la economía se frene?
— Si bien siempre hay factores externos -el mundo crece menos, pero los precios siguen altos- y factores no controlables -la sequía reduce la oferta agropecuaria-, hay otros aspectos que pesan para el viraje brusco que experimenta la actividad, muy lejos del anticipo de crecer 2% a 2,5% que se expone en el programa con el Fondo Monetario.
En primer lugar, el impulso fiscal del primer semestre con el gasto primario real creciendo a tasas del 10% anual no podía seguir, dado que no había ni financiamiento ni espacio para acelerar la inflación con más emisión.
Desde junio el ministro Martín Guzmán, y luego en julio la ministra Silvina Batakis, y a partir de agosto el ministro Sergio Massa, todos optaron por ajustar el gasto según las disponibilidades de caja postergando pagos de la parte de subsidios. Es decir, optaron por financiarse con deuda.
Como ello no bastaba hubo también que desacelerar el gasto en otras componentes del presupuesto, aunque la mayor ayuda vino del lado de la inflación: con una tasa promedio mensual de 6,7% entre julio y octubre y una parte indexado varios meses para atrás, se logró que por algún tiempo el gasto real cayera sin que se notara demasiado.
Bour contra fondos de libros y documentos con los que ausculta la realidad económica argentina
Bour contra fondos de libros y documentos con los que ausculta la realidad económica argentina
La mezcla de postergar gasto vía mayor deuda y a su vez reducirlo con inflación creciente resulta potente por unos meses, pero no dura mucho. Si la inflación se mantiene constante el gasto social y salarial deja de caer en términos reales, y a menos que las tarifas sean ajustadas se requiere postergar más pagos. Si la inflación cae, el problema fiscal se agrava.
La economía sigue con demanda excedente producto del desorden fiscal -lejos aún del equilibrio- y por las distorsiones de precios, y ello se manifiesta en un magro superávit comercial con el exterior, y déficit de cuenta corriente externas, a pesar de las restricciones impuestas al comercio de bienes y servicios. Un equilibrio inestable.
— ¿Y entonces?
— El programa económico se asemeja cada día más a un juego con esquema Ponzi: en la medida que no haya un ajuste estructural del gasto se requiere financiamiento -compulsivo o voluntario- en pesos para sostener la actividad. Y además se requieren dólares -de allí los reiterados esquemas de dólar-soja y la desesperación por convertir en dólares los yuanes chinos, y el nuevo blanqueo-, porque algunos de los que hoy aportan dólares dejarán de hacerlo en poco tiempo (los desembolsos netos al FMI que fueron positivos hasta aquí se tornan negativos desde 2023, y los márgenes para nuevos préstamos de los multilaterales son minúsculos).
Es decir que, a falta de ajustes en los fundamentos de la economía, se necesita sumar nuevos jugadores que aporten dólares para mantener en pie el castillo de naipes. Aun asumiendo que se obtienen algunos dólares y se “administran” importaciones para evitar un colapso, es decir manteniendo el Ponzi-equilibrio en dólares, queda por resolver el equilibrio en pesos.
”La mezcla de postergar gasto vía mayor deuda y a su vez reducirlo con inflación creciente resulta potente por unos meses, pero no dura mucho”
— ¿Cómo se puede lograr eso?
— Ello requiere eliminar la dominancia fiscal de la política monetaria, lo que no es fácil en un escenario de baja de la actividad económica y elecciones generales como el de 2023. A fines de noviembre de este año los pasivos remunerados del BCRA acumulaban $9,6 billones (crecieron 60% desde junio y representan 2,16 veces la base monetaria) y el Tesoro mantiene compromisos que por el momento solo pueden renovarse sin margen de lograr mayor financiamiento.
A menos que se anuncien políticas que detonaran un shock de confianza para todos los inversores el escenario demanda un aumento de la tasa de política monetaria -en especial en un contexto de caída de la demanda de pesos- para alentar una mayor renovación de vencimientos. El Ponzi-equilibrio de pesos requiere más agentes económicos con más pesos para entrar y sostener el juego. Eso no es lo que se anuncia desde el Ministerio de Economía.
Un equilibrio inestable no se sostiene con magia, pero se puede prolongar si se consiguen dólares para pasar el invierno del 2023 y se ofrecen bonos suficientemente atractivos en pesos -los bonos duales jugaron ese rol hasta aquí, pero habrá que ver si se puede empapelar un año más con duales para llegar a diciembre-. Durante ese período se puede jugar con fuego, a riesgo de que alguno de los Ponzi-equilibrios se caiga y con ello se revele el final de juego demasiado rápido.
“A menos que se anuncien políticas que detonaran un shock de confianza para todos los inversores el escenario demanda un aumento de la tasa de política monetaria -en especial en un contexto de caída de la demanda de pesos-”
“A menos que se anuncien políticas que detonaran un shock de confianza para todos los inversores el escenario demanda un aumento de la tasa de política monetaria -en especial en un contexto de caída de la demanda de pesos-”
— ¿Cuánto pueden ayudar las variantes de controles y congelamiento de precios?
— Congelar precios no ayuda mucho, pues una parte sustancial de precios se forman libremente (buena parte de la inflación núcleo y casi todos los estacionales) y la otra parte (tarifas de servicios públicos) tiene impacto sobre el resultado fiscal. Coordinar una baja de inflación sin programa fiscal no es aconsejable para un horizonte de 12 meses, aunque se puede intentar por 3 meses.
Anclar con el tipo de cambio requiere devaluar al menos 2,5 a 3 puntos porcentuales por debajo de la inflación para que se note. Lo más probable es que con ello aumentaría el exceso de demanda de dólares oficiales, o sea la brecha cambiaria, y lo que se gana anclando se perdería en buena medida por el impacto de una mayor brecha sobre los precios. Demasiado riesgoso.
“Coordinar una baja de inflación sin programa fiscal no es aconsejable para un horizonte de 12 meses, aunque se puede intentar por 3 meses”
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