En años impares, cuando los argentinos van a las urnas, es costumbre que los gobiernos demoren reformas económicas dolorosas, traten de sostener todo lo posible los salarios reales y de atrasar al dólar. Aunque la economía no sea el único factor de peso para una elección, y tal vez menos aún para una legislativa, el contexto económico siempre tiene su peso: tanto oficialismo como oposición pueden modificar sus chances de éxito electoral de acuerdo a cuál sea el clima de la calle en agosto, cuando lleguen las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO).
Un fondo local dio a conocer sus previsiones para el momento de las PASO y, teniendo en cuenta el golpe a la actividad que significó la pandemia de covid-19 en 2020 y los muy altos datos de inflación de los últimos meses, considera que va a haber una mejora. Sin embargo, aun después de un repunte, las condiciones serán muy frágiles y guardarán similitudes con las que se vieron antes de muchas derrotas oficialistas de la democracia.
“Esperamos que la economía llegue a julio/agosto con un ritmo de inflación apenas superior al 2,5% mensual, un tipo de cambio oficial corriendo bastante por debajo (más cerca del 2,0% mensual), una brecha estabilizada en 65%-70% gracias al ‘rulo del BCRA’ y una tasa de interés que difícilmente se ubique en niveles superiores a los actuales. La foto de agosto que proyectamos para la macro seguramente dejará al Gobierno mucho mejor parado que lo que está hoy, en especial porque implica una desaceleración perceptible en el ritmo de inflación y devaluación desde los niveles actuales”, aseguró un informe de Consultatio Plus.
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