
El presidente Trump tuvo una muy dura conversación telefónica con su jefe de campaña después de que éste le mostrara encuestas que lo mostraban perdiendo en estados clave ante el demócrata Joe Biden. REUTERS/Carlos Barria
Con 30 millones de desempleados cualquier campaña por la reelección de un presidente puede resultar en una enorme frustración. Si a eso se le suma que el candidato, desde el podio de la Casa Blanca, recomienda desinfectante para combatir el coronavirus, y que está enfrentado con los gobernadores de varios estados por querer levantar la cuarentena antes de tiempo, la tarea de cosechar la mayor cantidad de votos, se convierte en una empresa titánica. Pero no para Donald Trump o para la imagen que tiene de sí mismo. El presidente estadounidense está convencido de que todo esto es una cuestión pasajera y que en noviembre va a recibir nuevamente el voto de confianza de la mayoría del colegio electoral como ocurrió en 2016.
Esa confianza ciega es la que llevó esta semana a Trump a enfrentarse duramente con su jefe de campaña, Brad Parscale, cuando éste le presentó las últimas encuestas que lo mostraban empatado o detrás del candidato demócrata, Joe Biden, en varios estados clave. El New York Times y la CNN reprodujeron una furiosa conversación telefónica entre el presidente en la Oficina Oval y su mánager en Florida. Trump reprochó a Parscale no estar haciendo lo suficiente para mantener la buena imagen que tenía antes de la pandemia, amenazó con echarlo y desechó las encuestas porque “están mal hechas”.
El presidente estadounidense había comenzado el año con una economía robusta y grandes perspectivas de continuar en su puesto por otros cuatro años. Pero después de su errático manejo de la crisis provocada por el Covid-19, hasta sus aliados del Partido Republicano están muy nerviosos ante la posibilidad no solo de perder la elección presidencial sino el control de ambas cámaras del Congreso. Creen que la presencia diaria de Trump en el pódium de la sala de prensa de la Casa Blanca, fue desastrosa. En vez de presentar un plan creíble para superar la crisis, se dedicó a atacar a los demócratas y a los periodistas, dicen. Su peor momento fue cuando sugirió la utilización de desinfectantes de cocina y baños para eliminar el virus. Incluso algunos de sus seguidores más acérrimos difundieron memes riéndose del consejo presidencial.
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