Mientras en México nos preparamos para pagar más por ciertos embutidos de cerdo, algunos quesos, uvas y arándanos provenientes de Estados Unidos, los europeos lamentan que su Whisky bourbon y sus pantalones Levi’s también saldrán más caros.
A esta lista se suman las industrias de la construcción, automotriz y de electrodomésticos. Al final, como siempre, los costos de producción y materia prima serán cargados al consumidor.
Todo se debe a las medidas de Donald Trump de imponer aranceles al acero y al aluminio que de acuerdo con analistas perfila una guerra comercial a gran escala como no se había visto desde la década de 1930 cuando la ley Smoot-Hawley elevó unilateralmente los aranceles a productos importados para contrarrestar los efectos de la Gran Depresión.
La medida ha desconcertado de tal modo que la revista The Economist, en un intento de explicar las decisiones del Presidente, resume a la perfección el razonamiento de Trump: huir hacia adelante.
En su artículo “Hay locura pero quizás también un método en las políticas comerciales de Trump”, la revista consigna: “Escondido en el embrollo también hay una lógica sombría. Trump, y al menos algunos de sus asesores comerciales, creen que cuando un movimiento comercial poco ortodoxo tiene consecuencias negativas, la solución no es repensarlo, sino seguirlo con otro”.
¿Cuál es esa “lógica sombría”? Las razones del presidente de Estados Unidos no se encuentran en una compleja mentalidad de negociador sino en los manuales y best seller sobre el tema.
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